Paseando por mi acera, el destino va y me espera tras la esquina donde la escuché llamar

“Ay, Dios mío, esto sí es suerte, casi diez años sin verte, ¿cómo estás, qué tal te ha ido? Te presento a mi marido”

 

“Pero, ¿cómo, te has casado?”, digo en tono moderado y confío en no poner cara de subnormal

Hace tiempo que ella fuera de mi vida la primera y hoy no es que sea lo mismo en parte y en parte es igual

 

Y es que sentido, lo que se dice sentido no tiene pero es que el hecho de buscarlo me entretiene

Como un ladrón salto y me escondo tras la valla de mis recuerdos de mis historias de playa

 

Pero me dice la nena que ella por mí no se llena su pelo rubio de arena

Que me acabe la cerveza, que me aclare la cabeza, que me quite de esta pena 

 

A esa hora en la que el mar tira todos los castillos y se vuelve de color plata conserva de pez

Hoy estoy viendo mi futuro tan incierto, tan oscuro, igual que el de aquellos castillos, igual que el fondo del bolsillo

 

Este mar que me estremece y siempre que vuelvo parece que en realidad nunca me hubiese marchado de aquí

Hoy lo observo bien adentro, donde nadan los recuerdos de los amores que más duelen de los que perdí

 

Y es que sentido, lo que se dice sentido no tiene pero es que el hecho de buscarlo me entretiene

Como un ladrón salto y me escondo tras la valla de mis recuerdos de mis historias de playa

 

Pero me dice la nena que ella por mí no se llena su pelo rubio de arena

Que me acabe la cerveza, que me aclare la cabeza, que me quite de esta pena